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Fallece un joven de un infarto mientras jugaba al ftbol en Melide
27/11/2010

EL FARO DE VIGO -MARÍA VARELA - A CORUÑA

El mundo del deporte se retuerce de dolor. El pasado domingo se vivieron momentos de pánico en el terreno de juego del Helmántico cuando Miguel García cayó redondo fulminado por un infarto. Por suerte, la rápida actuación de los médicos del Salamanca y del Betis y un desfibrilador portátil le salvaron la vida. La tragedia golpeó otra vez al fútbol el pasado martes por la noche. En un polideportivo mucho más modesto, en la localidad coruñesa de Melide, un joven de 22 años perdía la vida mientras jugaba la pachanga semanal con sus amigos. De nuevo un infarto, aunque en esta ocasión no se pudo hacer nada por salvarle. Cuando los médicos del 061 llegaron al pabellón para realizarle las maniobras de reanimación sólo pudieron certificar su muerte.
Víctor Reyes Severino, de nacionalidad dominicana, acudió al polideportivo melidense como todas las semanas. Acostumbraba a jugar una pachanga con sus amigos todos los martes. Era un chico deportista, aunque no estaba federado. Su afición consistía en levantar pesas en el gimnasio de las instalaciones, aunque también practicaba fitness y otras actividades aeróbicas. No tenía antecedentes familiares de dolencias cardíacas ni hay constancia de que tomara ninguna sustancia.
Víctor se desvaneció en mitad de la cancha. Sus compañeros llamaron rápidamente a la ambulancia y se movilizaron todos los efectivos posibles: Guardia Civil, el 061 e incluso fue requerido un médico. Los sanitarios le practicaron las maniobras de reanimación. Pero ya nada se pudo hacer. Era demasiado tarde. Ya no respondió y tuvieron que certificar su fallecimiento por una parada cardiorrespiratoria. Ayer se le realizó la autopsia y en los próximos días su cuerpo será repatriado a la República Dominicana, donde reside su padre.
Pasaron entre 20 y 25 minutos desde que se realizó la llamada de socorro hasta que se presentó en el polideportivo la ambulancia. A 300 metros de allí hay un centro médico, pero el protocolo dicta que primero hay que llamar al 112, que es el encargado de avisar después al 061. "Se pierde mucho tiempo en preguntas y en un interrogatorio por teléfono. No puede ser que haya un protocolo tan largo, se debería ahorrar esto en casos tan graves", se quejaba ayer la alcaldesa de Melide, María Socorro Cea Vázquez.
El pabellón tampoco estaba dotado con un desfibrilador portátil. "Cuesta 3.000 euros, pero es de mucha ayuda en estos casos", asegura Tonecho Gómez, coordinador de deportes del ayuntamiento. "No se sabe si le hubiese salvado la vida, pero seguro que algo más hacía. Ahora mismo no lo hay en casi ningún sitio y es algo de lo que hay que concienciarse. Hace mucha falta", añade. Sabe de lo que habla. Hace sólo 15 días que tuvieron un caso parecido. Fue en la piscina. Un hombre de 30 años, que acudía a nadar con frecuencia con el Centro de Terapia Ocupacional de la localidad, sufrió un infarto en el agua. Los socorristas estuvieron veinte minutos reanimándole y otro tanto los sanitarios en la ambulancia. En total 40 minutos de maniobras que salvaron su vida, pero que le dejaron en la UCI, de la que saldrá, probablemente, con secuelas graves.


 
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